Drawing the Line
Exposición Colectiva

ImageDrawing the Line reúne obra de ocho artistas cuyo concepto y aproximación formal al dibujo trasciende, en primer lugar, las distinciones entre los diversos medios artísticos como la pintura, la escultura, la fotografía o el video, y, en segundo lugar, cualquier intento de encasillamiento asociado a elementos como la “intimidad”, la “autenticidad”, la “inmediatez”, la “memoria” o la ‘magia” (por lo demás muy habituales cuando se intenta definir este medio de expresión). Es innegable que Damián Ontiveros, Teresa Serrano, Ramsés Olaya, Emilio Chapela, Sandra Valenzuela, José Alfredo Elías Dabdoud, Plinio Avila y Carlos MR evocan a través de sus ‘marcas’ algunas de estas visiones íntimas, informales y experimentales, pero lo que comparten entre sí es un hilo conceptual-performativo que aquí y allá –por ejemplo en el caso de Teresa Serrano, José Alfredo Elías Dabdoud o Plinio Avila- se vuelve más narrativo. Entonces, no es tanto “el cómo” sino “el qué” dicen lo que importa de un proceso de “dibujar dibujando” –o dibujar desdibujando- encaminado hacia trazar una línea.

Drawing the line, trazar una línea… nos recuerda por supuesto la parte física y compositiva que es connatural al dibujo, pero más aún la idea de marcar un (nuevo) territorio, de poner límites, de trazar una raya imaginaria con sus propias reglas. Y algunas de estas reglas son ese desplazamiento del medium-based al idea-based antes mencionado, pero también la asunción del dibujo como un medio expresivo que rechaza o subvierte cualquier jerarquía de medios: la pintura o el video han dejado de tener para Emilio Chapela o Damián Ontiveros, conceptualmente hablando, más importancia que el dibujo. En este mismo orden de cosas, el dibujo que tanto apeló a los performers, conceptualistas y minimalistas de los años 60 y 70 precisamente por esa capacidad de “marcar nuevos territorios” -además de su “naturaleza notarial”- ha pasado de querer “cambiar el mundo” a un ejercicio más modesto e intimista -pero acaso más sincero- de “querer entenderse a uno mismo y el mundo que le rodea”.

De tal guisa, Drawing the line solo viene a confirmar ese extraordinario resurgimiento e interés que ha venido experimentando el dibujo de la mano del advenimiento del nuevo siglo, un dibujo que es capaz de captar de manera extraordinaria y ágil la temperatura de nuestros tiempos: lo corrosivo de la economía neo-con haya su reflejo magistralmente en el proyecto de Damián Ontiveros, que configura una serie de dibujos realizados por estudiantes de Adam Smith en poses un tanto funambulistas, y que permite así trazar una línea entre su filosofía económica y la deriva actual del sistema capitalista a partir de conceptos como “plusvalía” o “división de trabajo”; la falta de referencias políticas, religiosas y familiares que asuelan al ser humano inmerso en una vorágine de desplazamientos, tanto físicos como mentales, y que tan humorísticamente retrata Plinio Avila a través de objetos tan cotidianos como un billete de tren o de avión; los “no dibujos” de Emilio Chapela de papeles arrugados que generan paisajes abstractos y que hablan de la cada vez mayor incomunicación del ser humano; los genios confundidos, travestidos y recontextualizados de Sandra Valenzuela enfundados en trajes históricos de ilustraciones de revistas de moda y ejecutados directamente sobre la pared a modo de estilizado mural callejero; los fenomenológicos, satánicos y oscuros papeles recortados de Ramsés R. Olaya que, jugando con las sombras, la luz y el espacio, prefigura el estado de ansiedad y enajenación del ser humano en la actualidad; los sublimes, esotéricos y mágicos dibujos de Teresa Serrano a caballo entre lo romántico y lo surrealista que conforman un particular diario de lo cotidiano; las divertidas e irónicas reflexiones acerca del mundillo del arte y sus sempiternos clichés trazados de manera desenfadada por José Alfredo Elías Dabdoub; y, finalmente, los pasteles de Carlos MR, quien apuesta por un ejercicio deconstructivo: partiendo de la fotografía, la figura humana se va desdibujando y disolviendo mediante un juego de luz y color configurando una poética de la ausencia. Tan pronto familiares como extrañas, surrealistas o románticas, rebeldes o funcionales, fantásticas o intimistas, las marcas esbozadas aquí con ligereza, allá con total ambigüedad, acullá con hermética precisión configuran un campo expandido del dibujo que reniega y rechaza cualquier límite para configurar un mundo propio sugerente que en el fondo no es más que un conjunto de trazos ad infinitum de nuestras propias e incompletas ideas, visiones y anhelos.

Por: Paco Barragán